El mercado de los bioplásticos evoluciona rápidamente, pasando de las plantas piloto a la producción industrial en apenas 10 años. Hoy me aventuro a señalar algunas de las tendencias actuales que definirán su futuro en los próximos 5-10 años.

Mejora del producto

Los bioplásticos ya han entrado en el mercado, han sido probados en numerosas aplicaciones y se producen a nivel industrial. A pesar de ello su penetración en las aplicaciones durables sigue siendo una asignatura pendiente. En los próximos años los productores de bioplásticos ya establecidos deberán centrarse en mejorar el rendimiento de sus productos. Para ello pueden centrarse en algunos de los siguientes factores:

  • Aumento del contenido renovable en el producto final, mediante el uso de aditivos, pinturas y adhesivos también renovables.
  • Obtención de certificaciones relacionadas con el contenido renovable o compostabilidad del material.
  • Mejora de las propiedades empleando mezclas con plásticos provenientes del petróleo.
  • Penetración de mercados de bienes durables, como el de productos electrónicos o automoción.

Para más información os dejo esta presentación de Jim Lunt & Associates, con información sobre los actuales proveedores de bioplásticos, aplicaciones y tendencias de futuro.

Cambios en la materia prima

Hoy en día la mayoría de los bioplásticos se producen partiendo de almidón o de azúcar. El almidón se obtiene del maíz o de la patata. Las fuentes principales para el azúcar son la caña de azúcar, la remolacha y el maíz. Las fuentes de azúcar de las que se obtienen bioplásticos son también usadas para producir bioetanol, base de los biocombustibles y por lo tanto ciertas tendencias son comunes a ambos. Una de las tendencias claras dentro del mercado de los biocombustibles es la búsqueda de nuevas materias primas que sustituyan o complementen las ya existentes. Algunos de los motivos son:

  • La percepción de que los biocombustibles, u otros productos químicos, derivados de las mismas fuentes que los alimentos hace que los precios de éstos suban y por lo tanto suponen un peligro para el consumidor final. O diciéndolo de otra forma, podríamos acabar dando de beber a nuestros coches la comida de otras personas. Esta es una cuestión muy difícil y un debate para el que no me siento cualificada para dar una opinión. Lo que sí está claro es que puede hacer daño a la imagen de estos productos.
  • Abaratar costes: Aunque la producción de bioplásticos se haya abaratado en los últimos años, esto es principalmente debido al paso a producción industrial. El uso de materias primas más baratas será una forma estable de reducir el coste final de los productos.
  • El problema de la escala: Si realmente se quiere substituir una parte importante de nuestro consumo de productos derivados del petróleo, vamos a necesitar mucha materia prima. Esto puede llevar a una agricultura intensiva que puede ser dañina.
  • Generar residuos: La parte de las plantas que se utiliza en las biorefinerías en la actualidad es pequeña, por lo que se genera una gran cantidad de residuos orgánicos.
  • Adaptación de la tecnología: La tecnología ideal es aquella que aún habiendo sido desarrollada en una parte del mundo (Estados Unidos y Europa en el caso de los bioplásticos) puede ser exportada y adaptada con facilidad a cualquier lugar del mundo.

Si tenemos en cuenta estos factores, dos claros candidatos aparecen como alternativas a las actuales materias primas: los materiales celulósicos y los residuos de todo tipo.

Del azúcar y el almidón a los derivados celulósicos

Aquellas partes con bajo contenido en almidón o azúcar que se descartan de las actuales fuentes, como las hojas o el tallo, empezarás a poder ser aprovechadas. También puede tratarse de fuentes totalmente diferentes, como residuos forestales y agrícolas, que ahora son desaprovechados. El uso de fuentes celulósicas incrementaría el rendimiento de los cultivos actuales y abarataría la producción. Además permitiría la producción de etanol, y sus derivados químicos, a partir de nuevos cultivos no relacionados con la comida, como la hierba o incluso árboles.

Los residuos como materia prima

Los residuos urbanos y de otro tipo comenzarán a ser viables como materias primas gracias a la capacidad de adaptación de bacterias y algas. La ventaja: se reduce la cantidad de basura generada y es barato. Además también supone poder implementar una tecnología en casi cualquier lugar del mundo, independientemente de su clima, superficie cultivable o cultivos existentes, ya que en todas partes hay basura.

Consolidación del mercado

Dos mercados se unen

Las alianzas, que ya se ven hoy en día, entre empresas del sector agricultural y del sector químico serán todavía más importantes. Si las grandes empresas petroquímicas ven como algo natural el tener capacidad de extracción de petróleo, será también habitual que cuenten con un suministro asegurado de fuentes renovables. Dow Chemicals, que pretende producir polietileno a partir de caña de azúcar, ha tenido que cambiar de planes en Brasil al romperse la alianza con Crystalsev – azucarera brasileña. De hecho, aunque Dow prosigue con el proyecto por su cuenta, ha declarado que vuelve a buscar una empresa con la que asociarse para asegurarse la materia prima: la caña de azúcar.

Las empresas agrícolas que han entrado en el negocio de los materiales, seguirán buscando aliados en el mundo de la química que les ayuden a mejorar sus productos y a distribuirlos. Un ejemplo es Futerro, empresa conjunta de Galactic (productor mundial de ácido láctico) y Total Petrochemicals. Futerro produce PLA a partir del ácido láctico suministrado por Galactic y mediante la tecnología de polimerización de Total, que también aporta su conocimiento en la distribución y venta de plásticos.

El pez grande se come al pequeño

El mercado de los bioplásticos comienza a entrar en una fase en la que la consolidación es inevitable. En los últimos 5 años el número de empresas dedicadas a producir bioplásticos o presentes en algún punto de la cadena de valor se ha incrementado, siendo ya cientos. A esto se une el aumento de los beneficios que se da al pasar a la fase industrial, combinado con una industria petroquímica altamente comodizada que busca productos de valor añadido para superar la crisis. Esto hace suponer que en los próximos 5 años aquellas empresas en el sector químico o agrícola que puedan permitírselo comprarán empresas más pequeñas que cuenten con productos o tecnología complementarias a las propias.

Conclusión

Aunque resulta difícil saber hasta donde llegará un mercado tan dinámico, no me cabe duda de que seguirá creciendo dentro de 5 años. Se harán más comunes los plásticos convencionales de fuentes renovables y las químicas diferentes buscarán sus nichos en el mercado. Se crearán empresas más grandes mediante aglutinación de pequeños jugadores, a la vez que se reforzarán las alianzas entre empresas agrícolas y químicas. Dejaremos de mirar a determinados cultivos como las únicas materias primas y habrá un mayor enfoque en procesos capaces de convertir cualquier tipo de fuente en un material viable.

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